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Extracción de dientes

Ante la necesidad de realizar la extracción de un diente, siempre se produce un fenómeno de reabsorción durante los 2-3 primeros meses posteriores que supone la pérdida aproximada el 40% del volumen de hueso. Existen diferentes factores que hacen que el grado de pérdida ósea sea más o menos importante en función del paciente. Entre otros, el hecho que la extracción sea lo más atraumática posible favorece la consecuente conservación de la cresta ósea inicial. Además, existen diferentes técnicas que empleamos con el objetivo que esta preservación del hueso alveolar sea máxima. En este sentido, realizamos injertos de hueso del propio paciente solos o combinados con hueso liofilizado, que consiguen una estabilidad importante de los tejidos duros. El resultado de este tipo de tratamientos es la manutención de los tejidos duros y, como consecuencia, de los tejidos blandos (la encía). Este hecho es de vital importancia cuando el paciente pretende sustituir la pérdida del diente mediante implantes dentales